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Historia de Burgos

Burgos
A pocas personas se les escapa el hecho que Burgos es una de las ciudades con más solera de la Península Ibérica. Su historia como urbe elegante, sobre el río Arlanzón, se remonta a muchos miles de años. De hecho, los abundantes restos arqueológicos de la zona datan a sus primeros pobladores en el origen de la civilización humana, hace unos 100.000 años. Después vivieron por esa zona los Turmódigos en el Norte y los Arévacos, señores del territorio hasta la llegada de los romano. Sin embargo, la ciudad como tal no nace hasta la Edad Media.

Existen varias ideas sobre el significado etimológico del nombre de la ciudad. Las más conocidas son las que aseguran que deriva de la palabra “burgus” (que era una torre fortificada) o procede de “burgos” (núcleos de población de la edad Media). Significados etimológicos aparte, lo que es evidente es que la ciudad de Burgos se convirtió por méritos propios en una de las ciudades más importantes de Castilla, y por tanto, de la Península Ibérica. Tanto es así que fue constituida capital del reino de Castilla y León en el año 1035. Aunque la alegría no duró mucho, pues en el año 1085 se pasó la capitalidad a Toledo.

Los registros históricos referentes a la ciudad y a acontecimientos que han tenido lugar en ella, son numerosos. Uno de los más celebrados es el día 20 de julio de 1221, cuando el Rey Fernando III de Castilla y el obispo Mauricio pusieron la primera piedra de su famosa Catedral, paradigma del gótico mundial. ¿Quién no ha oído hablar alguna vez de la famosa Catedral de Burgos?

La relación de Burgos con la religión siempre ha sido muy intensa. Gracias al reinado de Alfonso X, Burgos prosperó enormemente, y uno de los factores decisivos en tal devenir fue la constitución de parada dentro del Camino de Santiago, tradición que ha perdurado impertérrita durante siglos y siglos.

La historia de Burgos está llena de grandes acontecimientos. Durante los siglos XIII y XVI fueron grandiosos para el arte de la ciudad, como así lo atestiguan la gran cantidad de monumentos góticos y platerescos. Como bien es sabido por los estudiosos de la historia, el arte plateresco fue una corriente artística que se dio entre el Gótico y el Renacimiento, y se caracterizaba por la fusión de componentes decorativos mudéjares y otras tendencias.

Un personaje de relevancia universal ligado a la historia burgalesa, es sin lugar a dudas, El Cid (Rodrigo Díaz de Vivar). Varios lugares de la ciudad reflejan la devoción centenaria de los habitantes por este personaje y sus andanzas. Ya en el año 1593 el Concejo burgalés proyectó erigir un monumento en su memoria. En el denominado Solar del Cid se conserva dicho homenaje que cuenta con los escudos de Burgos, de San Pedro de Cardeña y en el centro, una cartela con el blasón del Cid. Más recientemente, en 1955, se inauguró una estatua de bronce del artista Juan Cristóbal (en colaboración con el arquitecto Fernando Chueca Goítia). Esta estatua ecuestre del Cid es uno de los lugares más visitados de la ciudad.

La historia de Burgos da para escribir muchos libros. Sin embargo, la mejor lección de historia que se puede recibir, es pasear por sus calles y dejarse impregnar por los miles de años que la preceden. Este viaje resultará inolvidable para el turista que lo emprenda.
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